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Imagen de copyright

Algunas impresiones y datos históricos sobre los derechos de autor

La duración de los derechos de autor ha ido variando a lo largo de los años

Siempre he(mos) entendido los derechos de autor (copyright) como un contrato entre los autores y la sociedad. Un contrato que otorga un derecho -exclusivo- por un tiempo limitado sobre las creaciones de uno mismo, de forma que se incentiva la creación de obras para la sociedad. Así, teóricamente, se fomenta la capacidad creativa de los autores, sobre todo las obras artísticas, literarias y científicas.

Antes decía derechos de autor/copyright. Como dice Txipi aquí, “más o menos”, son lo mismo. El copyright es un término más empleado en el derecho anglosajón (Common Law), mientras que los derechos de autor es el término con el que se conoce esta protección en el código napoleónica o derecho continental.

La propiedad intelectual es lo que conocemos como derechos de autor. Se pueden clasificar en dos grandes grupos:

-Morales: No se pueden ceder. Cervantes siempre será el autor de El Quijote, y yo siempre seré el autor de este artículo.

-Patrimoniales: El copyright. Se puede ceder, descomponiendo estos en dos bloques:

  • Explotación: reproducción, distribución, transformación, etc.
     
  • Remuneración: los más apetecibles para muchos, pudiendo articularse a través de alquileres, copias, etc.

Sobre sus orígenes

Desde el Convenio de Berna de 1979, no hay que hacer nada para proteger las obras de uno mismo. Pero la película tienes unos cuantos años más de Historia. El origen de la primera ley de copyright se remonta a 1710. Época de la Reina Anne -Ana de Gran Bretaña-, la monarca que había supervisado la unificación de Inglaterra y Escocia en lo que se vino a llamar Reino Unido. Entre sus programas llevados a cabo, estuvo el Statute of Anne, la primera ley sobre copyright. Así, nacía la primera ley que daba a los autores control sobre quién podía hacer copias de sus libros o construir sobre sus trabajos por un tiempo limitado.

Al otro lado del Atlántico, había unos colonos rebeldes repartidos en 13 colonias Americanas, que pensaron que el Estatuto de Anne era una buena idea, así que lo incorporaron en su constitución de 1787. Así, se da poder al recién creado Congreso de los EEUU para fomentar el progreso de la ciencia y las artes, todo ello a través de asegurar por un tiempo limitado a los autores de obras el derecho exclusivo sobre las mismas.

Posteriormente, llega el Romanticismo (movimiento cultural -y político- nacido a finales del siglo XVIII como reacción al racionalismo de la Ilustración), que impuso la exaltación del individuo. Precisamente, una de las ideas de los defensores de la cultura libre es huir de este concepto romántico del autor “original”.

Esta idea Romántica de “autor original”, nos lleva a pensar en esa visión extendida actual del derecho del autor y su propiedad intelectual. Este último término, siempre que lo oigo, me recuerda automáticamente el concepto de oxímoron: “figura lógica que consiste en usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión, que genera un tercer concepto”.

Teclado con una tecla de copyright
La propiedad intelectual es lo que conocemos como derechos de autor | Getty Images

¿Cómo se entiende en una misma expresión buscar un significado con dos términos con significantes en direcciones opuestas? ¿Divulgar públicamente + restringiendo su distribución? ¿Propiedad (exclusión) + Intelectual (no exclusión, posibilidad de compartir)?

Propiedad + Intelectual = ¿Se puede alguien “apropiar” de algo “intelectual”?

Hace unos días, leyendo un artículo de Cives, citaba fragmentos de The Romantic Revolution de Tim Blanning, para describir la democratización de la cultura y los cambio en la estructura social y económica. En ese libro, se describe como el artista, se libera progresivamente de su Mecenas, figura que venía siendo tradicional desde los Medicis en las Ciudades-Estado Italianas del Renacimiento. Así, la actividad creativa pasa a depender del público. Esto permitió a los artistas una mayor autonomía: los creadores tenían que preocuparse de satisfacer lo que al público gustaba.

La esclavitud hacia el Mecenas -sea quien fuere-, podía condicionar la creación. Esto nos lleva automáticamente a pensar en las industrias culturales de nuestro Hoy (sin querer entrar en conspiranoias, pueden imponer qué se hace y qué no).

Duración de los derechos

Antes decíamos que ese contrato que se establece entre sociedad y creadores/autores es por tiempo limitado. ¿Por cuánto tiempo perduran esos derechos? Aquí también cabe hacer la distinción entre los derechos morales (que no prescriben nunca, de ahí que no se puedan ceder) y los patrimoniales, que sí prescriben, cuando pasan al dominio público.

Bueno, de nuevo, “más o menos” prescriben. En esto del copyright siempre hay peros. Los autores siempre se han quejado que este tiempo era muy corto como para poder hacer dinero. Por esta razón, el Congreso de EEUU ha acordado varias veces extender ese período temporal que otorga derecho exclusivo sobre las obras a los creadores:

1776: la Constitución Americana lo fija en 28 años
1831: pasó de 28 a 42 años
1909: de 42 a 56 años
1976: vida del autor + 50 años
1998: vida del autor + 70 años

La Copyright Term Extension Act (CTEA) de 1998 (peyorativamente conocida la Mickey Mouse Protection Act) extendió los plazos de copyright en los Estados Unidos durante 20 años, vida del autor + 70 años.

¿Estas extensiones realmente ayudan a la sociedad a que se creen más obras literarias o cinematográficas? Y sobre todo, ¿Qué incentivo mueve a un autor una vez muerto para que siga peleando por sus derechos sobre sus obras? En mi opinión, ninguno, creo que incluso pudiera llegar a ser obvio. Esto no beneficia ni a autores ni a la sociedad en general.

Opiniones al respecto

Se pueden encontrar por Internet bastantes argumentos en contra de la última medida alrededor de los derechos de autor (El Europarlamento ha acordado prorrogar 20 años el copyright de las grabaciones fonográficas). Quizás el más interesante es el informe Hargreaves, que expone cómo la extensión del copyright no beneficia a los autores, sino a las grandes empresas de la industria cultural que gestionan las obras.

Si antes hablábamos de la Micky Mouse Act, ahora podríamos hablar de la ley de Paul McCartney, el que nunca ha ocultado su interés por endurecer la restricción de copia sobre la obra musical de los Beatles, de forma que pudiera evitar que su obra pasase a dominio público. Pudiera resumirse como el enésimo caso de la “amenaza” a la que se ve sometida la industria cultural cuando un éxito comercial -The Beatles- está a punto de entrar al dominio público.

Quizás, sea interesante poner un ejemplo para entender la magnitud de lo que estamos hablando. El paradigma de beneficiarias es Disney. Muchas de las películas clásicas de Disney fueron creadas a partir de obras que no tenían protección alguna. Es decir, eran obras de dominio público. Walt Disney, lo que hizo fue actualizar y adaptar estas obras para explotarlas comercialmente en sus obras del cine.

Imagen de Mickey Mouse, personaje de Walt Disney
El imperio Disney quería asegurarse de que nadie pudiera hacer versiones alternativas de sus películas | Getty Images

Para sorpresa (o no), deciros que Disney fue la principal impulsora en 1998 de que se extendiera el privilegio a 70 años tras la muerte del autor. Así, el imperio Disney quería asegurarse de que nadie pudiera hacer versiones alternativas de sus películas más taquilleras de todos los tiempos. 

Un ejemplo que hemos conocido recientemente es el del discurso de Martin Luther King. Nadie duda de las cualidades históricas y del interés general de todo lo bueno que dejó MLK. Bueno, pues parece ser que alguien sí que duda de ello, en concreto, los herederos de la propiedad intelectual de dicho discurso. Incluso han llegado a obligar a retirar el discurso completo de YouTube.

Este conflicto tiene ya bastante historia. En Diciembre de 1963, meses después del evento, el propio Martin Luther King demandó a Mister Master y a la 20th Century Fox por vender copias ilegales de su discurso. La intención era frenar el lucro que estaban ejerciendo estas distribuidoras.

En 1994, una demanda por 10.000 dólares al USA Today por imprimir sin permiso una transcripción completa del discurso. En 1999, la familia del activista por los derechos civiles denunció a la CBS por utilizar un trozo del discurso dentro de un documental. 

La Corte falló a favor de los familiares, bajo el argumento de que el mensaje estaba clasificado como una presentación (performance) a los medios de comunicación, no al público. ¿Cuándo se detendrán? Los herederos de King retienen los derechos hasta 2038, pero viendo los precedentes con Disney….

Tampoco en España está la cosa mucho mejor, con disposiciones que aplican leyes antiguas, etc. O que un municipio andaluz tenga que pagar casi 32.000 euros por reproducir la obra de un autor que murió en 1681, pues es un poco de traca. Si se representa una obra de Lope de Vega, muerto en 1681 y haber expirado cualquier derecho de autor que pudiera tener (concepto incluso inexistente por aquel entonces), ¿Quién se lleva el dinero? Esto es la $GAE.

Las innovaciones siempre han sido copias y remixes

Y aquí es momento de volver a lo que ya expliqué hace pocas semanas: las innovaciones siempre han sido copias (muchas veces no reconocidas) y remixes. No se puede imaginar la música actual sin la influencia de la música clásica (Bethoveen, Tchaikovsky, Wagner, Bach, etc.). Estos mismos también editaron partituras y versiones de las distintas orquestas (Von Karajan es conocido por esto), haciendo uso de obras de dominio público.

Uno de los que ya habló mucho de todo esto hace unos cuantos años fue Mark Twain, que acusaba de piratas a los editores, y a las leyes de copyright del propio gobierno Federal por no servir al interés público, sino única y exclusivamente al de los editores. 

Estos, dado su músculo financiero, podían aprovecharse gratuitamente de trabajos en dominio público para competir contra los autores en activo. ¿Competencia desleal? Quién dijo eso…

Más en una época en la que la única forma de llegar a los lectores era a través de los editores. No había eMules ni otros sistemas P2P de intercambio de ficheros. Los editores controlaban el canal de distribución y deflacionaban las nuevas obras, además de forrarse, claro. También tuvo posiciones a favor de las copias y el remix. Todo esto, y por no dejar nada en el tintero, cambió cuando Twain se empezó a preocupar por la herencia que dejaría.

Conclusión

La disminución del Dominio Público en la expresión artística (escénica, música, lírica, cinematográfica, escrita, cómic, etc.) es empobrecer y encarecer la cultura. La ampliación de plazos de derechos de autor no protege la creatividad, sino que la perjudica.